Conversación abierta sobre la Biblia, por Ibn Asad

Sobre el tema de la Biblia, yo sólo tengo una opinión y eso es lo que te envío. Nada conclusivo. Sólo unos datos que quizás puedan estimular algunas preguntas que, de forma general, la gente hace por evitar y no encarar.

Lo primero y muy importante: La Biblia sería el primer libro sagrado sin lengua sagrada. Toda revelación necesita de una lengua propia, sagrada, vernácula, y por ello, por ejemplo, una traducción del Corán no es el Corán, sino un texto de apoyo para el estudio del Corán (Esto no lo digo yo; no es sólo una opinión) O, por ejemplo, los Vedas traducidos al inglés no son los Vedas, son traducciones de textos en sánscrito. La Revelación necesita una lengua para llegar al ser humano, y por eso cada pueblo tiene sus textos sagrados en su propia lengua. Cuando tú, yo o cualquiera lee la Biblia, está leyendo un texto traducido de un texto traducido de un texto del que no sabemos su lengua original. (Voy a poner un símil un tanto irreverente. Imagina que una productora de cine del Bollywood de India hace un largometraje llamado “El Quijote” basado en la novela de Cervantes traducida al inglés. Imagina que, además, un amigo tuyo extranjero ve la película doblada al ruso. Después de ver la peli, tu amigo te dice: “Sí, yo conozco ‘El Quijote’… ” ¿Tú crees que tu amigo conoce “El Quijote”?) Entonces, si aseguramos que hemos leído la Biblia, podemos preguntarnos: ¿En qué lengua está escrita la Biblia?

En la misma etimología de la palabra Biblia ya está explícita la pluralidad de sus textos. Es una “biblioteca” de diferentes autores de diferentes pueblos que hablaban en diferentes lenguas para hablar de diferentes dioses (así es: diferentes dioses; con diferentes nombres y diferentes invocaciones). Basta con leer cualquier traducción establecida del Génesis, los Salmos, los Profetas… y después el Evangelio de Juan y alguna carta paulina, y comprobarás que no existe ninguna línea de cohesión lingüística, o simbólica, o teológica, o ni tan si quiera étnica. El Antiguo Testamento es una compilación confusísima de textos que, se sabe, son traducciones hebreas (levitas; más recientes de lo que puede parecer) de temas originales de diversas lenguas y diversos pueblos. En cuanto al Nuevo Testamento, se escogieron cuatro evangelios de un maremágnum de evangelios, la mayoría de ellos escritos fuera del contexto histórico y geográfico de Jesús de Nazaret. Unos cuantos años después y tomando como referencia, textos griegos. ¡Griegos! Como la palabra Cristo. ¡Es griego! Y entonces alguien presentó la Biblia como un corpus. Hacer un único libro de semejante batiburrillo filológico es un milagro… ¡Eso es un milagro! ¿Y quién hizo ese milagro? ¿Quién presentó la Biblia?

Roma. Y nos vamos acercando “a eso que dices que he dicho” (si alguna vez dije que “La Biblia es el libro de la Masonería”, creo que fue un exceso. Pero reafirmo que La Biblia devino con el tiempo el libro de los masones y de los que viven en los regímenes masónicos modernos sin saberlo). Porque la Biblia no fue tal hasta que se estableció un corpus fijado en una lengua completamente ajena al contexto histórico-geográfico de cualquier cristianismo más o menos original: el latín. Primer dato a tener en cuenta: si leemos cualquier Biblia en cualquier lengua europea, que nos conste que una traducción influyente (no la primera y tampoco la última si somos protestantes) que determina la lectura de nuestra “sagrada escritura” fue la católica. Biblia Vulgata, en tiempos de San Jerónimo, oficializada a finales del siglo IV. Y así, a una secta judía un tanto heterodoxa de la Palestina de tiempos de Herodes que se supone hablaba arameo, se le puso a hablar un latín romano. ¡Segundo milagro! O segundo trile movido, según se mire.

Durante la Edad Media, aún con los esfuerzos católicos de fijar y “universalizar” su libro sagrado (en su lengua, con sus temas, con sus traducciones prevaricadoras), el espíritu oriental mantuvo viva cierta pureza en la revelación cristiana, sobre todo a través de centros intelectuales egipcios (Alejandría, principalmente), etíopes, y también aunque en menor medida, sirios. ¿Te puedes creer, por ejemplo, que la biblioteca de Alejandría tuvo seis incendios “accidentales” en un lapso de tres siglos? Hubo una auténtica guerra intelectual alrededor de la Biblia. Pues bien, en el S. XXI, hay que tener siempre en cuenta que esa guerra la ganó el Vaticano. Roma ganó la guerra espiritual occidental y se perpetuó a través de esa victoria, al menos hasta el S. XVII (si no hasta hoy). Por mucho que ahora se encuentren manuscritos coptos enterrados (por cierto, fíjate en esta curiosísima foto que habla por sí sola. Henry Kissinger con los códices de Nag Hammadi), la Biblia (llamémosla, europea) fue la Biblia latina de Roma.

Pero la cosa no se queda ahí: hubo otra revolución bíblica que tiene aún más vinculaciones con el momento presente. Estas revoluciones comenzaron con las reformas protestantes y terminaron con éxito el 11 de Diciembre de 1965 . Hoy en día, el 99.9% de las Biblias que se leen en Occidente no son latinas. Lo común es pensar que eso es un adelanto: “Uf! Menos mal que el Concilio Vaticano II abolió la liturgia en latín…” Y un no católico piensa: “Dios no me habla en una lengua que ya no se usa. Me habla en español, en francés, en catalán, en mi lengua materna…” Pero la pregunta que todo cristiano tiene que hacerse es: Si el latín ya era una lengua ajena al logos revelado, ¿hasta qué punto el libro que hoy un cristiano lee tiene alguna validez de cualquier tipo, lingüística, histórica, literaria… e incluso la más importante, religiosa? Esto se ve de una manera clara en el protestantismo anglosajón. Toda América (del Norte y del Sur, también fuera del contexto católico) leen traducciones basadas en una misma Biblia, que no es otra que la Biblia Autorizada del Rey Jaime (James King, la Biblia que las autoridades británicas refieren como KJV Bible), de 1612, que fue confeccionada por Sir Francis Bacon, lord británico del que, a medida que estudio, voy comprobando que este señor no podía ser un único hombre (o no podía ser sólo tan sólo un hombre), si comprobamos cuánto y de qué manera determinó en religión, filosofía y ciencia, el mundo en el que ahora vivimos. Ahora, yo no tengo ninguna duda de que fue Lord Bacon quien confeccionó la Biblia KJV y que él (un alto inicado masónico, supremo desde ciertas perspectivas) está detrás no sólo de las Biblias, sino de las obras literarias y de los autores más valorados de la cultura británica. La mayoría de las Biblias protestantes (La Biblia de las Iglesias norteamericanas, la Biblia de los evangélicos sudamericanos, la Biblia de los baptistas y demás…) no es otra que la Biblia de Sir Francis Bacon, o que es lo mismo, es la reforma británica de la Biblia romana. O en otra palabras: es el último trile movido, no ya desde Roma, sino desde Londres. No ya católico, sino puramente, masón.

Por ejemplo, este Dios es God. Así aparece en toda su Biblia: God para arriba, God para abajo. ¿Alguien se ha preguntado qué palabra es esa, God, de dónde viene, cuál es su origen, qué significa en su contexto original? Obviamente, nada tendrá que ver con los diferentes nombres que en los textos que componen la Biblia hacen referencia al Dios de los judíos o, al final, al Padre del Hijo; o ya puestos, pues tampoco tiene nada que ver ni tan si quiera con el Deus latino.

George W. Bush decía que leía la Biblia en momentos de tribulación. Por supuesto que los Bush no leen ninguna Biblia y que eso es algo que esta gentuza dice aconsejados por sus asesores de imagen. Hay documentales de la Guerra de Iraq en donde se ven a marines norteamericanos manoseando una Biblia, mientras descansan entre bromas escuchando música Rock. Los capellanes del ejército norteamericano leen la Biblia ante ataúdes tapados con la bandera norteamericana. El heroico periodista Gerald Colby fundamentó que las misiones protestantes-evangélicas en Sudamérica fueron perpetradas por Rockefeller Foundation en un complejo sistema de explotación en donde la apertura de Iglesias y la venta de Biblias están relacionadas con el monopolio petrolífero y el tráfico de drogas. Varios altos políticos y militares de la OTAN y del estado de Israel han fundamentado (o excusado) sus estrategias militares con una Biblia. ¿Qué Biblia es esa? Pues no hace falta investigar mucho: esa no es la Biblia de Cristo. Y con todo respeto a toda auténtica fe cristiana, opino que a estas alturas de la historia, el evangelio de Cristo se perdió. Al menos en forma de libro, hoy no existe.

Por Ibn Asad

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